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Más que un libro, esto es un una rebelión: Cuarenta
y nueve autores, nacidos de lo oscuro y de la soledad, descubren
sus textos para hablar de la diferencia. El medio centenar de
cuentos que componen este libro se escribieron como ejercicios
del TALLER DE ESCRITURA durante el curso 93-94. Son lo mejor de
cada uno. Juntos forman una voz colectiva, un manifiesto y un
retrato de la sociedad de finales de milenio. Una declaración
múltiple, con distintas técnicas, registros y preocupaciones.
Una visión nacida del asfalto, en Madrid, al margen de los oligarcas
de la cultura y los terratenientes de las letras.
Un taller de creación literaria es un gimnasio mental;
un punto de encuentro donde compartir experiencias, visiones y
técnicas narrativas; un lugar donde romper el aislamiento del
creador; un laboratorio donde experimentar, donde escuchar sugerencias
de otros que también escriben, que también pertenecen a la resistencia.
Un taller de escritura es una fábrica de sueños y soñadores, dispuestos
a reinventar el mundo. El idioma, la sintaxis y el patrimonio
literario es de todos, no sólo de los santones de la cultura.
Este libro es un ejemplo: hay muchos relatos aquí que firmarían
sin dudarlo muchos de los nombres que llenan nuestras bibliotecas.
Escribir es un arte; ser escritor es ser un
artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia,
que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate
de día y de noche, escribió en una ocasión Augusto Monterroso.
Hay que dotar a los alumnos de formación crítica necesaria para
corregir los textos propios y comentar los ajenos. Estos mecanismos
se desarrollarán de forma práctica, a través de ejercicios de
creación que activen los procesos imaginativos. Es el mero
acto de escribir, más que ninguna otra cosa, lo que hace al escritor,
a juicio de John Gardner. Además de un buen número de técnicas
concretas -sea cual sea el nombre que se les quiera dar-, que
pasan por la elección del punto de vista del narrador, espacio
y tiempo, la construcción de diálogos y personajes, o el monólogo
interior; en un taller de escritura, sobre todo, se debe aprender
a observar, a profundizar en la realidad con agudeza, precisión
y criterio selectivo. Para ello muchas veces hay que escribir
con las vísceras, mojando la pluma en sangre. Nadie dijo que fuera
fácil: la literatura y el psicoanálisis liberan, pero escuecen;
a fin de cuentas, como dice José Luis Sampedro, un escritor
es un minero de sí mismo.
© Enrique Páez, 1994
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