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Bajo los adoquines
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Aquí tienes algunos cuentos de Bajo los adoquines,
la antología de relatos de los alumnos publicada en mayo de
1997 por el Taller de Escritura de Madrid.
PRÓLOGO
ÍNDICE DE AUTORES Y ENLACES A LOS RELATOS
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A finales del siglo xx todavía una cuarta parte de la población
mundial, más de 900 millones, es analfabeta. Estamos hablando,
cómo no, del tercer mundo y de mujeres, y esa doble condición
es suficiente para que siga siendo así. Aquí, entre los aristócratas
de Europa y los nuevos ricos de Estados Unidos, el problema
de los analfabetos parece que ya no existe.
Y no deja de ser curioso, porque a fin de cuentas el analfabeto
tercermundista nunca ha dejado de ser una figura digna de todo
respeto, a la que se le debe envidiar «su memoria, su capacidad
de concentración, su listeza, sus dotes de invención, su tenacidad
y su exquisito oído», tal y como señaló Hans Magnus Enzensberger
en 1986. En nuestro microcosmos de privilegiados la imagen del
analfabeto es ya la del hombre inferior, despojado de y devaluado
en sus habilidades. Enzensberger advierte, no obstante, que
el analfabetismo ha vuelto, y lo ha hecho en una forma que ya
nada tiene de digna. Se trata del analfabeto secundario o funcional,
de memoria atrofiada, atención fugaz y dispersa, desinformado
por la sobreinformación trivial. Nuestros analfabetos no leen,
pero están muy entererados de los herpes de Ana García Obregón
y las múltiples eyaculaciones de los novios de Rociíto y Estefanía.
Su mundo ideal, su enciclopedia, es la televisión.
Aunque las estadísticas gubernamentales nos dicen que en Europa
y Estados Unidos ya no existen analfabetos, según las estimaciones
de Jonathan Kozol, en Analfabetos USA, «25 millones de adultos
norteamericanos no pueden leer las precauciones escritas en
un frasco de veneno utilizado como pesticida, no pueden leer
una carta escrita por el profesor de sus hijos, ni la portada
de un periódico. Y otros 35 millones de adultos más tienen un
nivel de lectura muy inferior al necesario para vivir en nuestra
sociedad. Juntos, estos 60 millones de personas representan
más de una tercera parte del total de la población adulta.»
Ese es uno de los balances posibles al supuesto éxito de extensión
y democratización de la cultura en las sociedades post-industriales.
Esos son los datos que no aparecen en las memorias hagiográficas
de los ministros de Educación y Cultura. Esas son sus vergüenzas.
Cuando Chiquito de la Calzada se ha convertido en el máximo
renovador del lenguaje debemos pensar que hay errores que no
nos muestran, que no es oro todo lo que reluce.
Afortunadamente en estos momentos hay quien detiene la marcha,
no tan triunfal según parece, y se sienta a escribir. En aquel
mayo en el que florecieron las pintadas, Daniel Cohn-Bendit,
uno de los participantes más denunciados y perseguidos, acusado
entre otros delitos de ser extranjero, judío alemán, intruso,
metido en casa ajena, escribió: «Hay que abandonar la teoría
de la vanguardia dirigente para adoptar la teoría más simple
y honrada de la minoría actuante que desempeña el papel de un
fermento permanente, que impulsa la acción sin pretender dirigirla».
En la calles y plazas de París una pintada se multiplicó como
una consigna repetida: Todos somos judíos alemanes.
La escritura tiene que volver a ser el juego gozoso que nunca
debió dejar de ser. Michèle Reverbel afirma a propósito del
aprendizaje de las letras: «Cuando un niño aprende a caminar,
echa a andar un proceso neuromotor exactamente igual al que
necesita para aprender a escribir. La enorme diferencia es que
el aprendizaje del caminar está lleno de estímulos afectivos:
no importa si se cae, lo invitamos a hacerlo de nuevo. A cada
fracaso recibe abrazos, besos y apapachos de los adultos. Y
el día que lo logra, está toda la familia de plácemes por ello.
En cambio, cuando inicia el aprendizaje de la escritura, lo
único que recibe es corrección, regaño de sus maestros, y sus
padres no convocan al resto de la familia para celebrar su primer
escrito.» Setenta autores, casi el doble de mujeres que de hombres,
se agrupan tras el título Bajo los adoquines. No es casual la
resonancia con aquella pintada anónima del mayo del 68 en París,
en otra primavera 29 años atrás: Bajo los adoquines está la
playa. Cada cuento, cada línea de este libro, es un grito de
rebelión, una pedrada, un día de playa contra la incultura y
contra la hipnosis televisiva. A los autores y autoras de este
libro no les importa perder el tiempo enredándose en pura palabrería,
imaginando venganzas, amores, mundos paralelos, sorpresas y
desatinos. Durante el tiempo intermitente que dedican a las
letras, dejan colgado en el perchero el batín del Dr. Jeckyll
y se ajustan el gabán de Mr. Hyde; sus hermanas y sus hijos
no los reconocen, hundida la cabeza en el papel, conviviendo
durante un tiempo difícil de medir con amistades muy pocas veces
recomendables. Al ponerse a escribir les pasa lo que al otro:
«El sueño de la razón produce monstruos», y aquí podrá el lector
encontrar una buena colección de ellos.
Escribir es, sigue siendo, un acto de rebelión y de insumisión
contra las propuestas analfabetistas del gobierno, de todos
los gobiernos, y sus medios de desinformación. Escribir es recuperar
la infancia, mentir despacio, el arte de juntar palabras, conjurar
los demonios familiares. Vale casi cualquier definición. En
todo caso, mientras no lo hagamos al dictado ni firmemos sentencias
de cárcel o muerte para los otros, escribir será un acto que
proclame nuestra libertad y soberanía frente a las presiones
del Estado (su ojo todopoderoso ya no tiene forma de triángulo
isósceles, sino de pantalla Trinitrón de 21 pulgadas).
Ha pasado ya siglo y medio desde que P. J. Proudhon (1809-1865)
dijera acerca del Estado (y no parece que haya cambiado mucho
el asunto desde entonces): «Ser gobernado es ser observado,
inspeccionado, espiado, dirigido, obligado por la ley, numerado,
regulado, apuntado en una lista, adoctrinado, sermoneado, controlado,
estimado, tasado, censurado, mandado por criaturas que no tienen
ni el derecho, ni la sabiduría, ni la virtud para hacerlo.Es
ser... registrado, contado, gravado con impuestos, catalogado,
medido, valorado, permitido, autorizado, amonestado, impedido,
prohibido, reformado, corregido, castigado. Es, bajo el pretexto
del interés público, ser obligado a una contribución, instruido,
desplumado, explotado, monopolizado, extorsionado, exprimido,
engañado, robado. Después, a la más mínima resistencia, a la
primera palabra de queja, ser reprimido, multado, denigrado,
acosado, acorralado, insultado, aporreado, desarmado, atado,
asfixiado, encarcelado, juzgado, condenado, arrojado, expulsado,
sacrificado, vendido, traicionado y, para rematarlo, burlado,
ridiculizado, mofado, ultrajado y deshonrado.
Esto es el Gobierno; ésta es su justicia; ésta es su moralidad.»
Agradecimientos:
A José Manuel Alonso Ibarrola, maestro de humor negro, que
compartió sus textos con nosotros; a los componentes del Círculo
Cultural Faroni, y en especial a su presidente J. Ignacio Fernández
y a Jesús Alonso, amantes de los textos hiperbreves; a Isabel
Cañelles, Ana Cristina López y Marisa Fresno, que aumentaron
dioptrías cazando erratas; a Guillermo Muñoz Vera, por cedernos
la imagen del cuadro que ilustra la portada; a Pedro Sánchez
Torrente y Ángel Luis González Encinas, trabajando en la cubierta
del libro; a Nacho Páez, que nos prestó su equipo informático;
a Elías, que nos buscó el texto de Proudhon; a los talleres
hermanos de Fuentetaja y Marcelo Soto, por seguir ahí; a los
periodistas Joaquín Ordoqui, Elena Hermida, Susana Cañete, Iñaki
Miramón, Ildefonso García, Sandra Fernández, Alejandra Gueimonde,
Marta Nieto, Mikel López Iturriaga, Pablo Melchor, Mariló Maldonado,
Mara Torres, Alicia Sánchez, Ángel Zapata y Valverde Cortés,
por multiplicar nuestras propuestas en sus respectivos medios;
a las ONGs Amnistía Internacional, Médicos de Mundo y Greenpeace,
por ceder sus logos para la contraportada del libro; a Marina
Navarro y la Biblioteca Pública Central de Madrid, segundo lugar
de encuentro; a Pedro Sauquillo del Swing y a Manolo de la sala
Clamores, por darnos de beber a ritmo de salsa; a los del bar
La Musa por aguantarnos tras cada sesión; y a Antón Chéjov y
Edgar Allan Poe, cómo no, por hacer del cuento un género inmortal.
© Enrique Páez, 1997

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Antonio Almansa: RAMÓN, MAMÓN y ¡TAXI!
Daniel Argote: PRISIÓN PREVENTIVA
Inés Arias: MEA CULPA
Ignacio Ayerbe García: EL GRITO
Clotilde Bandera: EQUIVALENCIAS y EL AVISO
Paloma Barrientos L.: CLARIVIDENCIA
Anna Basaldúa: UN CUENTO DE NAVIDAD
Elena Belmonte: EL BALCÓN DE LA COCINA y A MI PADRE
Nacho Biosca: HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE
Miquel Bové: SUELO EN LA TIERRA
Ramón Cabrera Naveiras: ANUNCIOS NECROLÓGICOS
Gerardo Cárdenas: INTERSECCIÓN
Rafa Cervera: ELLOS y FLORES MUERTAS
Pilar Cristobal: RUTINA, LAS GRULLAS y LA CUCHARA
Mª Teresa Espinosa Núñez: AL ACECHO
Mª Jesús Esteban: REALIDAD
Marisa Fresno: MADRID NO TIENE MAR
Clara García: DESDE QUE SALGO CONTIGO y AMOR VS. NADA
Gabriela García Salzmann: RECETAS CON FANTASMA
Mª Carmen García-Romeu: EL FABULADOR
Emilia G. Fidalgo: 14 DE FEBRERO y LA BUENA RACHA
Francisco González Cueto: SOÑAR CON LA CABEZA BAJO LA LUNA
Guillermo Guardamino: MI PRIMER TRABAJO y EL RELOJ
Estrella G. Hervás: MALDICIÓN GITANA
Josheras: BARRER EN MADRID
Elena Hernández: SIN POSDATA
Celia Herrero Medina: LABIOS ROTOS y CARACOL SIN CONCHA
Nuria Izquierdo: EL AIRE ENTRE NOSOTROS SE HARÁ VACÍO
Bibiana Jiménez: NO SÉ QUÉ
Kika Largo: CAFÉ FREEDOM
Ana Cristina López Corral: NO HAGAS ESO, NENA
Lara López: QUE SE LO DIGAN A MI PADRE y FUERZA CENTRÍFUGA
Marisa Mañana: DECISIÓN COITOSA y PROTOCOLO
Paco Mañas: EL HOMBRE QUE SACABA A BAILAR A LAS FEAS
Rosa Márquez: SANDALIAS DE TIRAS NEGRAS
Maribel Martín: LA ROCA FRANCISCO
Javier Martín: LA REINA DEL MUELLE
Maite Martínez Campos: LA MUERTE PASÓ A MI LADO
Alicia Martínez: IDA Y VUELTA y LA TRISTEZA SONRIENTE
Chus Melchor: ANIVERSARIO
Óscar Montero: ¿QUÉ PASARÍA SI... NO PASASE NADA?
Clara Moratalla: SÓLO EL BIOMBO LO SABE
Daniel Odevaine: NO DIJE NADA
Susana Palacios: UN VIAJE CON MARCHA ATRÁS
Maite P. Carrillo: VÍSPERAS
Marta Perales: PERDONA SI HE TARDADO y UN MAL DÍA
Juan Pimentel: LOS PECES DEL SOL y POLÍTICA ORGÁNICA
Nacho Reig: THC y ESCUCHAD
Miguel A. del Río: ESPEJISMO
Gustavo R. Miguélez Román: VEINTE ESCENARIOS DE AMOR
Juan Luis Roldán Calzado: DICE LAURA
José A. Ruiz: INSTANTÁNEAS CON PAPÁ NOEL
Miguel Salmerón: UN MOTIVO MENOS
Juan Carlos Sánchez Gómez: RESACA
Pedro Sánchez Torrente: LAURA y LA MUDANZA DE LOS SUEÑOS
Paz Sanz: LAS AUTORIDADES SANITARIAS ADVIERTEN QUE FUMAR
Miguel Segur: LOS TURISTAS
Esther Soriano Hoyuelos: BORIS, EL MAGNÍFICO y ATANDO
Rosa Subero: LAS DOS ESPOSAS y LA SORPRESA
Magdalena Tirado: EL VENDEDOR DE PERIÓDICOS
Ana Tobaruela: SOMBRAS
Patricia Ureta: POR ELLA y UN BUEN CONSEJO
Carmen Valdés: SALÓN DE ACTOS
María Valverde: PAULINA: ¡TE QUIERO TANTO! y TIERRA
Leticia Vargas Alonso: EL PÉNDULO
Teresa Vázquez: LOS RESTOS DEL AMOR y DELGADEZ
Cristina Vicente: PATIO INTERIOR y TE VEO DIFERENTE
Isabel Zamora: AMIGO CONDUCTOR
Ángel Zapata: LOS TRANVÍAS, LA ESCAYOLA y LA BOMBILLA

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Cubierta: Pedro Sánchez Torrente y Ángel
Luis González Encinas (Basado en La acera I, 1993, de Guillermo
Muñoz Vera)
Primera edición: mayo de 1997.
© Taller de Escritura de Madrid, 1997
ISBN: 84-921531-1-3
Depósito legal: M-17000-96
Impreso en España / Printed in Spain

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