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Nada
normal (2002)
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Cazador de sueños |
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Patricia Ayanz Guillén |
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Aquella noche
estuvo a punto de terminar mi brillante carrera como cazador de sueños.
No sé si me sentó mal la cena, si fue la pastilla que me
dieron para bajar la hinchazón del brazo, o si tuve simplemente
una mala noche. Lo cierto es que casi di al traste con años de
fantasías y anhelos hechos realidad.
Desde pequeño quise
ser cazador de sueños. Lo tenía muy claro, a pesar de
la continua oposición familiar. Cazador de quimeras, decían
con desprecio, buscador de ruina, eso serás si continuas viviendo
del cuento. Vivir de la caza de sueños no es fácil. Sólo
se cotizan los mejores cazadores de sueños, el resto apenas tiene
para vivir. Supongo que eso preocupaba a mis padres. Yo, sin embargo,
consciente de mi incuestionable vocación, actué con determinación. Me apunté a la escuela
de cazadores de sueños e invertí la paga de mis últimos
cinco años en la compra de un atrapasueños. Empecé
a practicar con nubes de algodón prefabricadas, cuya textura
se asemeja a la del sueño en su fase final. Hasta que, por fin,
mi técnica con el atrapasueños se hizo difícilmente
superable. Fue entonces, cuando empecé
a cazar sueños de verdad. Mi desarrollada intuición me
permitía elegir siempre a los mejores soñadores. Mi conocida
destreza con el atrapasueños, el tomarles prestados sus sueños
sin que se enterasen. Además, conseguía vender los sueños
a los mejores postores, por lo que me convertí, sin apenas darme
cuenta, en el cazador de sueños más cotizado de la región. Debería haber intuido
algo aquella noche, debería haber vuelto a casa después
del primer aviso. Me equivoqué con mi primer soñador,
creí que su sueño sería fantástico, pero
resultó ser nefasto. Ya no podía dar marcha atrás,
tenía que cazarlo, siempre acabo lo que empiezo. Entonces se
me escurrió el atrapasueños, y golpeó en la cabeza
al maldito soñador, que se despertó sobresaltado. Su mirada
aterrada se clavó en mis ojos con tal fuerza, que me choqué
de bruces contra la chimenea. Cuando pude incorporarme, salí
corriendo, sin mirar atrás, en busca de un nuevo soñador. Salí con tanta prisa
que olvidé el atrapasueños allí, junto a la cama
del patético soñador. Me dio igual. No podía volver
ahora. Tenía que cazar un buen sueño. Llevaba un miniatrapasueños
en el bolsillo, podría cazar un buen sueño con él,
ya lo había hecho otras veces. Reconocí a un gran
soñador, este sí, de los de verdad. Lancé el miniatrapasueños,
y para mi sorpresa, se enredó con una vela de la mesilla, que
cayó al suelo, y despertó al gran soñador. No me
lo podía creer ¡dos fallos en una noche! No me rendí,
seguí intentando cazar sueños el resto de la noche, montones
de sueños, pero sin sutileza alguna. O los sueños eran
malos, los peores de mi carrera como cazador de sueños, o los
soñadores se despertaban justo en el momento en que les trataba
de retirar su sueño. Además, no sólo no escapaba
para ocultar mi identidad, sino que me regocijaba el ver sus caras espantadas
y sudorosas. Me dirigí a la plaza de la novena fantasía
y me metí en la fuente. Sueños, regalo sueños,
gritaba con desesperación. ¿Quién quiere
este sueño?, decía riendo a carcajadas. Reconocí
las caras de algunos de mis mejores clientes que me miraban con mezcla
de extrañeza, y compasión. Creían que me había
vuelto loco, que estaba demente. Entonces, un golpe muy fuerte
me despertó. ¿Dónde estaba?, ¿qué
me había pasado? Me sentía tremendamente aturdido, me
pesaba la cabeza, me abrasaban los ojos, me temblaban las manos. ¿Y el sueño?
¿Ha acabado el sueño? pregunté. Tenía
que serenarme, tenía tirar el atrapasueños con precisión
y desaparecer. Pero... ¿dónde está mi atrapasueños?,
volví a preguntar. No me había ocurrido
jamás nada igual. Mi carrera había sido intachable hasta
la fecha. Por primera vez me sentí vulnerable, tremendamente
vulnerable. Aparentemente salí ileso de la situación,
pero en el fondo volví a casa tocado. Traté de descansar
para recuperarme y olvidar. Quería borrar esta noche de mi memoria.
Sin embargo, todavía pienso en ello y me pregunto si no habrá
llegado el momento de retirarme de la vida activa. |
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