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Leí el diario de un extraño (2003) |
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Poemenos |
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Zurc airaM |
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Otrorretratos en grises Mis padres siempre calificaron a aquel novio como un muchacho extraño, sólo porque acostumbraba a pasear por la ciudad con dos bolsas repletas de vísceras para alimentar a los gatos callejeros. Pero a mí me gustaba. Tenía la mirada muy profunda y casi siempre andaba cabizbajo y esquivo. La última vez que le vi fue entrando en un callejón del que nunca más salió. Huía de algo. En la carrera su imagen se difuminó con las sombras y el olor a ozono de la noche. Y de pronto, un estruendoso maramamiauu... auu... auuu... se escuchó en cada poro de la ciudad. Los gatos de la calle y yo desde entonces pasamos hambre.
19:15, Juzgado de lo penal
nº 4, de guardia.
Me llamo Paz Guerra, y mi sino
es el equilibrio entre esas dos palabras desde el día en que me
nombraron.
Hoy volví a saber de Kin, el amigo que nunca fue el Principito aunque tenía nombre de rey, aspecto de león y un aura luminosa a rabiar. Sin planeta ni rosa, Kin se conformó con ser un caracol feliz viviendo en una casa pequeña adosada a muchas más casas pequeñas. Un día las cenizas de la involución asolaron su choza de caracol convirtiéndola en centro comercial. Entonces Kin tuvo que emigrar desconchado hacia algún Nirvana particular. Hoy le reencontré, por el Diario. Reivindicaba el derecho de ejercer papiroflexia con los titulares periodísticos de los ninguneados.Vali acostumbraba a tocar el tam-tam para mí, sentado sobre un cojín indio. Cuando lo hacía, sobre la ciudad bailaban sonidos de animales salvajes, aullidos de amor y golpes de desamor. Vali se fue, pero su tam-tam sigue conmigo; es mi reliquia. La piedra de ámbar que decora su curvatura todavía me intriga. Cada noche parece crecer, y a veces sonríe radiante a la Luna. La voy a romper, sé que está creciendo y ha fosilizado aquellos sueños; se ha apoderado de mi pasado cual patitas de insecto. Tengo miedo de ser yo su propia víctima.
Mi nombre es Luna, y hace unos meses me contrataron para trabajar como maniquí vivo en el escaparate de Muebles Kaos. Los primeros días me acurrucaba en un colchón de látex y fingía dormir. Luego, fui perdiendo la vergüenza y saltaba sobre él. Al poco tiempo, cansada de tanto giribiki, opté por devolver las miradas a los transeúntes. Hoy estoy preocupada y es que no acabo de encontrar la armonía entre mis ojos y mi postura. A ver si me van a echar por bizca.
Ramón y Crescen se sientan
frente a mí. Garabateo sus cuerpos con mi mirada. Ramón
tiene uno de los nombres más onomatopéyicos de los que yo
conocí. Ramón tiene el gesto rudo y la mirada ruin. El hombre
de la R no habla de razones, y los sentimientos parecen asustarle.
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