Leí el diario de un extraño (2003)

Mujer y Hombre

Javier Lara

La mujer

Pasan los días, las horas, los minutos, mi vida pasa veloz ante mis ojos. Y yo sigo aquí inmóvil, pasiva, esperándole. Esperando su llamada que nunca llega. Aguardando impaciente que me escriba unas pocas líneas. ¿Qué ocurre?, me pregunto, ¿por qué todo es tan difícil? ¿Por qué acabo siempre queriendo a quien no me quiere? Anhelo escuchar su voz diciéndome con firmeza que me ama que siente lo mismo por mí. Lo sé, puede que sea una ilusión inútil. ¿Pero es que acaso la vida de cada uno de ustedes no está cuajada de ilusiones imposibles? Me siento agotada, creo que toda esta situación me está haciendo envejecer prematuramente. Pero aún así no puedo quitármelo de la cabeza. No puedo ni quiero, necesito aferrarme con fuerza a toda esta utopía. Puede parecerles triste e incluso patético, pero si es así es que no saben lo que es vivir colgada de un hombre. Acudo a fiestas, bailo y bebo hasta perder el conocimiento, intento evadirme, olvidarme de él, pero no es posible. Se ha convertido en una obsesión. Suena el teléfono, corro rauda hasta él, es él, pienso, y oigo siempre la misma voz, Javier me pregunta cómo me encuentro. ¿Por qué no puedo enamorarme de alguien así? Hablamos durante varios minutos, porque mi amigo tiende a extenderse. Aprecio su paciencia, pero ya empiezo a estar cansada de escuchar siempre su voz. Pero al menos para él existo, me digo a mí misma, y eso me encoleriza aún más si cabe. Quisiera saber por qué no me escribe, por qué no me llama, por qué me ignora. ¿Acaso merezco este castigo? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Soy una mujer, no un perro al que dejar abandonado en la cuneta caprichosamente cuando alguien se ha cansado de él. Ojalá todo fuese tan sencillo como en las películas de Hollywood, ya saben, esas comedias románticas de Meg Ryan donde chico busca chica y viceversa, se encuentran y viven felices para siempre, esos cuentos de hadas en celuloide. Pero esto es en realidad algo desazonador, cruel, destructivo e injusto. Avanza la madrugada y empiezo a estar cansada de hablar por el chat, pronto me iré a la cama. Un día más sin noticias de él, por cierto, adivinen de quién me despido. Apago el móvil y me tiendo en mi cama una vez más a solas conmigo misma y mis pensamientos como todas las noches desde hace algunos meses, esperando que amanezca un nuevo día en el horizonte y en mi vida, cada vez con menos esperanzas. Buenas noches.

El hombre

Creo que ya la escucharon a ella, y ahora me toca hablarles a mí. No es que no la quiera, no deseo que les quede una idea negativa, pero tampoco deseo acercarme al teléfono. Cuando estoy frente a él, a tan sólo a unos milímetros, me quedo paralizado. Y pienso, me pasan miles de cosas por la cabeza si lo descuelgo. Aceptaré implícitamente un compromiso y, créanme, no me encuentro capacitado para ello. Sé que ella espera cosas de mí que quizás yo no pueda darle ahora. Amor, confianza, responsabilidad, pero todo eso me aterra y opto por la inconsciencia. Sé que no estoy actuando correctamente, que estoy haciendo mucho daño a alguien que me quiere de verdad, pero entiéndanme, soy demasiado inmaduro para llevar una relación. Llámenme cobarde o lo que les plazca, pero ¿es que acaso ustedes no han tenido nunca miedo a nada?, ¿no han deseado huir en algún momento, o que se les tragase la tierra por miedo a lo desconocido o a no estar a la altura de las circunstancias? Si no es así, sabré que ninguno está siendo sincero consigo mismo. Sé que algunos dirán que para vivir es necesario arriesgarse, pero a esos les diría que es muy fácil ver los toros desde la barrera. Que ocurriría si por casualidad todo se torciese, venga, cuéntenmelo. Ya sé que no tienen por qué hacerlo, pero ¿y si lo hiciese?, ¿cómo creen que debería reaccionar? Se admiten sugerencias. No es tan sencillo. Y además, todo esto lo hago por su bien, y que conste que no hay ni un ápice de cinismo en esta afirmación. Cuando me imagino nuestra relación, pienso en ella empujándome constantemente para que haga lo que tengo que hacer, para que reaccione y tenga capacidad de iniciativa. Sinceramente, no es que tenga mucha experiencia en estas cosas, pero creo que nuestra relación así planteada nunca funcionaría. No quiero que ella desperdicie su juventud conmigo. Yo sé que con toda probabilidad ella no piensa lo mismo, pero quizás se merezca a alguien mejor que yo. ¿Qué ocurriría si llamase o escribiese? Pues que tendría que admitir que no me he comportado bien. ¿Saben lo embarazoso que puede llegar a ser eso para un hombre? Sí, tendría que escribir una carta pidiendo perdón por casi todo, y eso no es nada fácil. No es fácil reconocer los errores. Así que sigo aquí esperando que el tiempo pase y toda esta situación acabe. Quizás algún día se olvide de mí, seguro que con el paso del tiempo lo hará, porque el tiempo todo lo borra. Pero, ¿y si me equivoco? Prefiero no pensarlo.

Haz clic aquí para imprimir este relato

Ir al siguiente cuento

Volver al índice del libro