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Leí el diario de un extraño (2003) |
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La cara de la muerte |
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Cesc Arnau |
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¿Qué está pasando? Las lágrimas acudían a tus ojos. Los sollozos se apagaban en la almohada. Nadie está preparado para su llegada. Nadie la espera, nadie está a punto, nadie. Otra vida en espacios libres ¿Luego? ¿Y por qué no? Ni tú ni nadie está a punto para atenderla, ni para recibir en la cara los crueles vientos que galopan desbocados por sus valles. ¿Y ese frío? Si cierras los ojos sólo verás su color. Cuando me das la mano me entran todavía escalofríos pero si vuelves a pronunciar esa palabra deberé alejarme. No pronuncies palabras asesinas si no quieres que te seccionen por dentro. No hay débito alguno entre ambos. Tal vez encontraré a otra persona, pero tu alma no, se habrá perdido... ¿dónde? Cuando sonríes parece que todo se haya terminado, pero a veces es sólo el principio, tu sonrisa el preludio del drama. Él murió, no quiero ser sólo tu pequeño espacio donde puedas hablar o llorar, antes un desierto, ahora el bosque donde te llevé yo. No me mires así. No me mires más. Tu mirada está llena de su ausencia. Amo todo lo que está vivo, huyo de tu olor. Te arrastró, muriste con él. Quieres que te acompañemos todos los que te amamos. No me des la mano, no me abraces ni intentes besarme, siento el frío, la quiero aún. ¿Y por qué no, después de todo...? No te debo nada, ni tú a mí tampoco. No me mires así, la muerte no es un pozo. Es un castigo para los que no creemos en ella, para los que no pensamos en ella, para los que nos negamos a sufrir y a ver sufrir. No, ya no puedo ayudarte. Si me quedo convertiré tus lágrimas en mi sollozo, no quiero oír más: No es posible, no es posible, ¿cómo pudo suceder? o A ti también te puede pasar. Como a todos los que estamos vivos. Él te arrastró en su muerte y ahora no quiero sucumbir en la tuya. Me niego, existen personas que le sonríen, que no lloran. La amargura, la amargura te
ha ganado la partida y yo no la quiero más. Me siento contaminado.
Sí, él murió, ¿vamos a morir todos? No me
mires así. Vamos a morir todos los que te amamos, y somos muchos.
No me des la mano, no me abraces ni intentes besarme, después de
cada beso me penetra el hielo, el frío de los vientos helados,
el frío de ella, la muerte, no la quiero aún. Guárdatela.
¿Y por qué no... después de todo?
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