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A
mis hijas
Yo le quise, nos
amamos durante mucho tiempo. Nos encontramos por casualidad. Sentí
que nadie en el mundo me querría tanto como él.
Le conocí cuando pensaba que mi futuro afectivo estaría
dedicado a ejercer de madre, de madre soltera, como llaman ahora a las
divorciadas. Siempre pensé que un hombre tiene que ser muy hombre
para amar a una mujer, mujer madre de los hijos de otro hombre. Y eso
me hacía sentirme orgullosa. Él tenía también
hijos, hijos de otra madre. La conciencia de nuestra singular situación
y el aval del amor mutuo originaron en esa nueva familia artificial un
cariño que aún hoy permanece en el corazón de todos.
De esa relación me quedaron muchos maravillosos recuerdos, y sobre
todo dos cosas que llevo siempre conmigo: una piedra y un llavero.
La piedra es una piedra preciosa de un valor incalculable. Es una joya.
La joya de la autoestima. El llavero tiene múltiples llaves: La
del recuerdo, la de la nostalgia, la del cariño, la del respeto,
la del amor perdido.
La joya de la autoestima permanece desde entonces en mí. El amor
hace que te sientas valorada e importante. Sabía que me comprendía
desde lo más profundo de su ser. Respetaba y admiraba lo que yo
amaba. Todo lo que hacía le parecía único y original.
Cuando veía a sus amigos le repetía mis aciertos y me hacía
repetir mi última frase ingeniosa. Nuestros momentos de soledad
los vivíamos con la más absoluta intensidad sin atrevernos
a desperdiciar ni un segundo. Mirar con la cabeza alta, no por menospreciar
a los otros sino porque el amor te hace importante. Reír con la
sonrisa franca, como si tu risa tuviera necesariamente que ser contagiosa.
Llorar con la libertad que da el no tener que retener el llanto, porque
te sientes comprendida. Cantar sin miedo a que te juzguen porque sabes
que tu voz llega a su alma. Sentir que sobran las palabras, basta una
mirada. Soñar con miedo a despertar.
El llavero lo llevo siempre en el corazón y, según el momento,
voy llamando a las sucesivas puertas y lentamente, como intentando no
sorprenderlo demasiado, voy entrando en lo más recóndito
del alma. El recuerdo del amor vivido. La nostalgia de lo que pudo ser.
El cariño que permanece en mí. El respeto profundo a ese
hombre. El amor a sus seres más queridos. La lucha por evitar el
desencuentro. La llegada del amor perdido.
La piedra y el llavero los llevo siempre conmigo. Son la prueba del maravilloso
regalo que la vida me proporcionó en su momento.

Las greguerías
de la Aurora
La televisión: La caja
de las miradas.
La lata: La pobre de los metales.
La lata: Lo que te dan sin permiso.
La batidora: El terror de los alimentos.
El vacío: El espacio del aire.
El vacío: La no conciencia, el silencio, la unión.
El viento: El baile de la naturaleza.
El vacío: El trato igualitario.
La escavadora: La psicoanalista terrenal.
El chismoso: El disfrutamaldades.
El chismoso: El oído infiel.
El cotilla: El cuentaotros.
El clavo: El valor del timo.
El psicoanalista: El despertador a conciencia.
El psicoanálisis: El despertador imprevisible.
La risa: La quitapenas.
El despertador: El quitasueños.
El insomnio: El despertador impertinente.
El banco: El asiento del dinero.
El anillo: El carcelero del dedo.
El pintalabios: El disfraz lábico.
La marea: Los devaneos del mar.
Las olas: La danza del mar.
La playa: El descanso de las olas.
El músico: El transportista del sonido.
El director de la orquesta: El conductor del sonido.
El ratón del ordenador: El correcaminos.
El rompecabezas: El busca-paciencia.
La página: La ropa interior del libro.
El piloto: El conductor celestial.
El avión: El pájaro tripero.
El jarrón: El féretro de las flores.
Las patillas: El sujetador de los lentes.
El pantalón: El traje-piernas.
El ratón del ordenador: El director de la orquesta.
Internet: Las venas del mundo.
El teclado: Las notas del alfabeto.
La música: El sonido del alma.
La poesía: La letra del alma.
La mochila: La joroba artificial.
Los esquís: Los doble-zapatos.
Los guantes: El guardián manual.
El teléfono: El cableparlante.
Los dientes: La trituradora personal.
El chicle: El engañadientes.
El portafotos: El portarrecuerdos.
El álbum de fotos: Retorno al pasado.
El conductor: El corredor de asiento.
El coche: El correcaminos.
El trineo: El correnieves.
El móvil: El ladrón del silencio.
Los colores: El poder del mestizaje.
El botón: El nexo de unión.
El arco iris: La paleta del cielo.
El pájaro carpintero: El taladro natural.
El buceador: El nadador profundo.
El traje de buzo: El monobuzo, El escamatraje.
El gato: El eterno desconocido.
Las flores: La meditación de la naturaleza.
El girasol: la falta de personalidad.
El árbol: El general del campo.
El sol: La fuente de la luz.
El volcán: El fuego ardiente.
El lápiz: La fuente del arrepentimiento.
El mar: La sal de la vida.
El viento: El poder de lo invisible.
El aire: La savia de la vida.
Las estrellas: Los espantapájaros de las nubes.
Las nubes: El telón del firmamento.
El río: El infiel.
El infiel: El correcorazones.
El metomentodo: El pluricotilla.
Las hojas: El traje de las plantas.
Las estrellas: Las damas de compañía de la Luna.
Las estrellas: El tapiz del cielo.
Las estrellas: Lo que ves cuando te pisan.
La lluvia: Las lágrimas de la naturaleza.
La tormenta: El cabreo celestial.
El rayo: El hasta aquí hemos llegado.
La gripe: El despertador del virus.
El diálogo: La distancia entre lo dicho y lo escuchado.
La alegría: La foto del alma.
La tristeza: El espejo de las penas.
La persiana: Los párpados de los cristales.
Las penas: El árbol del sufrimiento.
La soledad: Buscada es compañía, impuesta desolación.
La guerra: El diálogo de las vísceras.
Los zapatos: La armadura de los pies.
Los patines: Los ruedapiés.
Los calcetines: El trajepiés.
El bolígrafo: El imborrable.
El plátano: El valor del desnudo.
El cactus: El desagradecido.
El timo: El todo por la nada.
La corbata: El nudo andante.
La corbata: La inútil.
Las escaleras: El ascensor pedestre.
Los semáforos: Los ojos de la carretera.
El espejo retrovisor: Los ojos traseros.
El pelota: El digosí.
El papel higiénico: El imprescindible.
El rotulador: El exhibicionista.
El diccionario: El mar de las palabras.
El investigador: El buzo de la ciencia.
El científico: El estudioso profundo.
La vela: A la inmolación por la luz.
El bloc: La fuerza de la espiral.
El objeto del pegamento: La unión.
El fin de la goma: El arrepentimiento.


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