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Leí el diario de un extraño (2003) |
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De la imposibilidad de ser Proust |
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Emilia Lanzas Cobacho |
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Espero sentada
en la tierra junto a los pinos, en la dehesa de siempre, donde nos conocimos.
Pronto aparecerá con la caída de la tarde; pero hoy será
diferente a los otros días, hoy Marcel también me verá
a mí. Por eso quiero estar tranquila y que no me perturbe nada;
ni tan siquiera el peso frío de la pistola en mi bolsillo.
Hogar ¡Qué dices?
¡Yo mendigo? Soy un hombre libre. Un ácrata, como si dijéramos.
Oye, tú, la tía, menuda grulla. Y ahora vienen los municipales.
Que molesta mi casa, que obstruyo la acera, vale, jefe. Os creéis
muy listos porque lleváis pistola, pero yo lo soy más;
tengo la ayuda del arcángel San Gabriel, que tiene cuernos. A
sus órdenes, señor pitufo. Después haré
lo que me venga en gana. Soy libre, pero honrado. Ahora me pongo a la
tarea. Ya he liquidado tres de vino y tengo fuerzas. Hola, grullita,
¿has vuelto a salir de tu peluquería? Que ocupo la acera
con mi basura y que te espanto a las clientas... Tú sí
que asustas con ese cuello y esa cara acelga. Venga, a las barricadas.
A recoger envases. Como decía mi padre: hombre sin oficio, no
tiene beneficio. En los contenedores hay suficientes para levantar las
tres paredes, que para la cuarta ya está la de verdad, mismamente.
Me hacen la mitad del trabajo apartándolos en el amarillo, ya
ves. Gloria a los elegidos. De cinco en cinco, piano, oye, tú,
así paseo y veo mundo. Tengo todo el día, mismamente.
También hay que tener arte y paciencia para colocarlos. Formando
ladrillos, como debe ser una buena casa, superpuestos, como si dijéramos.
Y, venga, la mezcla de harina y agua: no hay mejor cemento, aunque tenga
que gastar unos cuantos kilos. Menos mal que todavía hay gente
de bien, que da limosnas. Primero a colocar la pared frontal, que es
la que más resguarda, mismamente. Después el lado derecho.
Y para terminar, la pared de la izquierda. Antes de que anochezca ya
tengo lista mi casita. Hasta el día siguiente, que la grulla
avisa a los municipales y éstos, como si dijéramos, proceden
a demoler la vivienda... Así que venga, a la tarea. ¡Una
sirena! Vienen otra vez... ¡Ah, no! pero si es el Samur. Se para
delante de la peluquería. Vaya, el engrudo me ha salido un poco
espeso, me he pasado de harina. Mejor, así aguanta el viento
que sopla que da gusto y, además, da ese olor a cal, como cuando
era niño. Oye, tú, es una tarea, pero compensa. Como decía
mi padre: no hay nada como un buen hogar. No me gusta el albergue, no
es sitio para los libres. Para comer sí, que te dan de menú
y todo; pero no para vivir. Menudos venaos van allí. Pedigüeños
y borrachos, mismamente. No, donde esté mi casita... Aquí
se palpan las madrugadas: un verso. Ya ves, de vez en cuando se me ocurren.
Oye, tú, pues no se llevan a la grulla en camilla... ¡Si
está pálida y todo! Bueno, yo sigo con lo mío,
a colocar los envases. ¿Cuántos tengo ya? Me parece que
no van a ser suficientes, voy a tener que acercarme al vertedero o,
mejor, a la tienda; así compro tres más de vino que hoy
la noche viene cruda, y saludo al chino ese, tan sonriente aunque no
se entere. Lo malo es que se va a secar la mezcla; tendré que
comprar harina, ya ves, me lo quitaré de mosto, aunque pierda
inspiración, como si dijéramos. Lo primero es lo primero.
Andando que la noche viene dando. Pero, oye, tú, ahora que caigo,
si no está la tía, nadie llamará mañana
a los municipales. Podré estar todo el día tranquilito
en mi hogar, como un rey, mismamente. Pero, ¿todo el día?,
¿si no vienen...? ¡Arcángel San Gabriel! Si no vienen,
no me tiran la casa, y si no me la tiran... Como decía mi padre:
el ocio es la madre de todos los vicios. Ya ves... Si no vienen, oye,
tú, ¿qué voy a hacer mañana? Con las horas
estirándose como penas. Me quedaré aquí, mano sobre
mano, pidiendo, tal cual un don nadie, como si dijéramos.
Expiación Cuando observaba en clase
sus cabezas inclinadas sobre el catecismo, ellos parecían percibir
mi llamada, y levantaban sus ojos, y sus divinos reflejos me sonreían.
Mis niños me querían, y esperaban que me acercase. No
sé qué maldad ven en ello. Sus cuerpos sin mancha se ofrecían
porque sabían que era parte de nuestra comunión, y que
Dios en el cielo no se ofende por eso, muy al contrario, se regocija.
Ya lo dijo Jesús: Dejad que los niños se acerquen
a mí. Sí, porque ellos son los ángeles que
nos llevarán al Paraíso.
Solos (haiku) Negué tajante.
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