Leí el diario de un extraño (2003)

Epanáfora

Ángel Martín

A la pesada de mi madre

Aquí, mi mundo.
Mundo de odio y de envidia,

de asco y soberbia,
y tú siempre has estado ahí.

Tus repeticiones acostumbradas, reiteradas…
Mis innumerables pesadillas.
Persistes… firme y leal.

Mundo infiel y asqueroso.
Mundo agonizante y tedioso.
Tú eternamente ahí, a mi lado.

Carta de amor

A la vida

Hoy, he recordado muchos momentos, situaciones en las que te acariciaba, en las que te observaba desde fuera y simplemente te sentía. Te he visto ser morbosa, impasible y despiadada. Te he visto dominar en nombre del amor.
No me gusta que decidas por mí, me da miedo. No me gusta que me sorprendas porque sí, porque eres mi dueña y se te antoja. No me fío de ti y sin embargo te quiero, te necesito, me es imprescindible llenarme de ti en cada bocanada de aire para envolverme en ese cálido abrazo que me anima y me empuja siempre hacia delante, hacia un constante desconocido que me acobarda.

Tú no lo sabes, pero… yo hoy, te he hecho el amor.

Era tuyo mi calor, mi olor, jugabas con mi pelo, simplemente te sentía.
Tu respiración me excitaba, me hacía arder en deseos, con codicia, me retaba la idea de poseerte.
En mi sueño tú me decías: “Eres libre”. Lo repetías una y otra vez, y cuanto más gozaba yo, más alto me querías y más vehemente, y todo resultaba más intenso.

Mi corazón enredado en el tuyo, con la fuerza de la pasión y del vicioso goce de sentirme vivo.

 

Haz clic aquí para imprimir este relato

Ir al siguiente cuento

Volver al índice del libro