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CASI TODO ES CUENTO
Aquí tienes algunos cuentos de Casi todo es cuento, la antología de relatos de los alumnos publicada en mayo de 1996 por el Taller de Escritura de Madrid.

PRÓLOGO
ÍNDICE DE AUTORES Y ENLACES A LOS RELATOS
 
PRÓLOGO de Enrique Páez

Tercer año. Tercer libro. ¿Va la vencida a la tercera? Pudiera ser si se tratara de una lucha a muerte, en desigual combate, contra el dragón que tiene prisionera a la princesa en su fantasmal torre de fuego y hielo. El ensalmo del demiurgo, ungido de clavel, desnudo en el interior de un círculo de sal; el conjuro repetido por vez tercera ante el sello del arcángel Samael, entre cactus de flores rojas, un martes al amanecer, para concederle vida a lo que estaba muerto. Este es el tercer libro del Taller, el tercer enigma, el tercer ojo. Tras los nueve círculos del Infierno y las siete terrazas del Purgatorio de Dante, Virgilio nos deja en manos de Beatriz para ascender los nueve círculos del Paraíso, en busca de la Rosa de los bienaventurados. A su modo, cada libro es un combate, una respuesta, una puñalada en el corazón de la abulia, de la mediocridad y de la incultura. Primero fueron las Historias para adultos imperfectos. Siguieron los Cuentos por asalto. Ahora llega esta antología que tienes en tus manos: Casi todo es cuento. Sesenta y cinco nuevos narradores que se cuelan por la puerta de atrás, sin pedir permiso, haciendo de su capa un sayo, y con la lengua suelta. No son los figurones, los nombres que Umbral escribe en negrita en sus columnas, los patriarcas de las letras, los popes de la literatura, los ganadores del Planeta, los beatificados por la crítica y las tesis doctorales, los invitados de honor en los programas de Hermida y en los cumpleaños del rey. No son ellos. Los autores de este libro aún no se han sentado en Babelia, a la derecha de Dios padre, pero escriben. Con insolencia, con tozudez aragonesa, se enfrentan al papel en blanco y escriben, semana tras semana, demostrando con el propio movimiento de la mano que existe vida más allá de las estrellas, que existen letras más allá de las constelaciones Cela, los quásares Gala y hasta de los meteoritos Mañas. Galileo sonríe desde su tumba: “Eppur si muove”. Así pues, los sesenta y cinco autores (cuarenta y seis mujeres, afortunadamente la escritura también está cambiando de manos, aún queda la esperanza), se presentan ante el lector sin títulos, sin apadrinajes ni batas de cola. Aquí no hay más artificio que el de la propia lengua, el de la literatura entendida como “el arte de juntar palabras”. No hace falta sacarse el carné para escribir. Se admiten intrusos, pese a quien pese. No cabe duda de que a los pseudo-críticos, a los antólogos oficialistas, a los taxidermistas literarios y a los forenses de la letra impresa, libros como el que ahora tiene el lector en sus manos les resultan incómodos, jaquecosos, granos en el culo. Imagino que piensan: ¿De dónde sale tanta gente? ¿Es que no les gustan las series de Antena 3 ni los programas de desaparecidos? ¿No querrán pensar por su cuenta, opinar, alzar la voz y hacerse oír a nuestras espaldas? Ya somos bastantes en esta profesión. ¡A cerrar fronteras! Con los que estamos dentro ya llenamos las tertulias radiofónicas, las columnas de la prensa y los anaqueles de las librerías. Los demás que escuchen y aprendan. Los mirones, como en el mus, son de piedra y dan tabaco. Es verdad: son autores sin pasado. Son autores con futuro. El siglo XXI, el tercer milenio, está en sus manos, habla por sus bocas. Hay textos en este libro que transparentan la promesa, que advierten de un futuro cuajado de letras. Hay otros que, como un espejo de azogue reciente, nos muestran el retrato de su autor, inmortalizado en una fotografía sintáctica, en lugar de con haluros de plata. Y hay otros, al fin, que firmarían hoy, de muy buena gana, grandes escritores de nuestra literatura; textos que debieran avergonzar, por su calidad, los juicios apresurados y facilongos de esos abundantes críticos de boina y orejeras, de cultura enquistada, burguesa, rancia, que pontifican desde sus minaretes de papel subvencionado.

Hay un cartel anarquista, de tiempos de nuestra Guerra Civil, que mostraba a una campesina arrodillada pidiendo limosna. Bajo la figura encorvada se leía una leyenda lapidaria: “El pan no se mendiga, se arranca”. ¿Quién dueño de la tierra, de la máquina de hacer churros, del cotarro, va por su propio pie a ceder su patrimonio? ¿Quién nos hará un hueco en su columna, en su página del periódico? ¿Quién nos va a escuchar si no alzamos la voz, si en un primer momento no gritamos para hacernos oír? “Tenemos los españoles la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre. [...] Sin embargo, el español no habla alto: El español habla desde el nivel exacto del Hombre, y el que piense que habla demasiado alto es porque escucha desde el fondo de un pozo”, decía León Felipe en 1942, desde su exilio en México. No vamos nosotros a enmendarle la plana.

El sólo hecho de escribir es un acto de insubordinación, de insumisión. “Para que el mal medre, basta que las buenas personas no hagan nada por impedirlo”, decía Edmund Burke. Así que, antes de que sea demasiado tarde, hay que ponerse en guardia. Si hay motivos para ello, pues porque los hay; y si no los hay, como medicina preventiva. Es bien sabido que “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”. Los sesenta y cinco autores de este libro, en su infancia literaria, con ojos asombrados, rescatan el antiguo mandato que el peruano César Vallejo hiciera, cuando intentaba prevenir a los niños del auge fascista en la Guerra Civil, en España, aparta de mí este cáliz:

“Niños del mundo,
si España cae —digo, es un decir—
si cae España, de la tierra para abajo,
niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!
[...]
¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae —digo, es un decir—
salid, niños del mundo, id a buscarla!...”

 

En cada una de las páginas que siguen hay mucho más que tinta y celulosa. Walt Whitman, lo resume en dos versos, épicos y luminosos como todos los que componen sus Cantos de adiós:

“Camarada, esto no es un libro.
Quien vuelve sus hojas toca un hombre.”

Queda agradecer el paso por el Taller, y la ayuda prestada de uno u otro modo, a Enrique de Antonio, castellano insobornable, apasionado defensor de la riqueza de la lengua; a Magdalena Labarga, contadora de cuentos del grupo Palique; a Marisa Fresno y Alfonso Fernández Burgos, generosos correctores de guardia a cualquier hora, en cualquier sitio; a Marina Navarro, ¿qué harían sin ti las bibliotecas?; a Guadalupe Urbina, que regresó a Madrid para recordar canciones de Guanacaste y leyendas de Mesoamérica; a Miguel Óscar Menassa y Antonio Almansa, que nos trajeron reflexiones sobre las resistencias a la escritura, con mucho Freud entre sus hebras; a Blanca Giles, a Paloma y al sindicato de enseñanza de CC.OO. en Málaga, prolongación del Taller a orillas del mar a comienzos del verano; a Marcelo Soto y a sus alumnos del módulo de Biblioteconomía del Instituto San Isidro de Madrid por sus abundantes correcciones; a Francisco Garzón Céspedes y la CIINOE, por sus cuentos y por llevar nuestros libros al otro lado del Atlántico; a William Fernando Torres, que nos manda textos inencontrables desde su decanato de la universidad Surcolombiana; a Piti Corella, Esteban Cortijo, Leo, Nía, Gus, y al Centro de Estudios Mario Roso de Luna, en Cáceres, con su Taller paralelo, colaboradores en las páginas de este libro; a Maryta y Osvaldo Berenguer, reencarnaciones de Horacio y la Maga, un pie aquí y otro en Bahía Blanca; a los que hacen Dazibao, del periódico El Mundo, que siempre se hacen eco de nuestros cursos; a las páginas color salmón del ABC del domingo, a Susana Vela del periódico Chamberí, al Magisterio Español, Primeras Noticias, la Guía del Ocio, y tantos otros que escuchan y multiplican nuestras propuestas; a Enrique Pérez, de la UNEAC, en Cuba, con toda nuestra solidaridad frente a los matones del norte; a Flor Carrillo, asesora de magias, conjuros y anillos de poder; a Zulema Moret, de AITADEC, y a sus alumnos, hermanos de un mismo juego desde la revista Errantes, en Barcelona; a Graciela Anzola, de la universidad de Lara, en Venezuela, que nos trajo chinchorros y libros de Aquiles Nazoa; a Alekos, por sus dibujos, una vez más; y a Elías, por su estoica paciencia y por compartir espacio en sus partidas de rol con Ainhoa, Virginia, David, Ming, José, Andrés y los hermanos Wong (¿Cuántos elfos han muerto ya? ¿Dónde acabó la escoba del centauro?) Va por ellos. 

© Enrique Páez, Madrid abril de 1996

ÍNDICE DE AUTORES de Casi todo es cuento

02. Esteban F. Alcalde: ANOCHE SOÑÉ QUE ALGUIEN ME AMABA
03. Antonio Almansa: LA MIRADA y VIERNES SANTO
04. Anna Almazán: MUELLE
05. Ricardo Álvarez: CARTAS ABIERTAS
06. Ana Álvarez Sierra: IR MURIENDO 
07. Mª Dolores Andrés: INCERTIDUMBRE
08. Ángeles Aragón: MUCHOS KILOS DE FELICIDAD
09. Daniel Argote: EL PERRO, EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE 
10. Inés Arias de Reyna: MY SERENADE 
11. Paloma Barrientos L.: LA DAMA DEL SILLÓN 
12. Mª José Borrego: LA VIDA
13. Carmen Cacho Ordax: QUERIDA ELENA, IN MEMORIAM
14. Lourdes Casanova: MI PRIMER DESNUDO
15. Mariví Chasco: SEGUNDA MANO
16. Mª Victoria Corbacho: EL VIAJE
17. Esteban Cortijo: LA HISTORIA DE ARIRA
18. Mª Antonia Domínguez: EL NOVIAZGO
19. Alfonso Fernández Burgos: ROBO CON INTIMIDACIÓN
20. Blanca Fernández-Marcote: OFELIA
21. Elia Fleta: Y LLEGÓ LA NOCHE
22. Mª Belén Franco Pérez: DELFINA
23. Marisa Fresno: LA CARNICERA
24. Consuelo García Álvarez: LA POESÍA, UN BIEN SIN EXPLOTAR
25. Emilia G. Fidalgo: IMPLICADO y YURA
Poveda González: ELIA 
Mª José Guillén Rubio: EL MAESTRO
Estrella G. Hervás: PSSH
Elena Hernández: EL PUZZLE 
30. Nuria Izquierdo: UNA RELACIÓN CON GANCHO y 180 GRADOS
Ana Cristina López Corral: SUSU 
Maribel Martín: MARÍA (SIN SOR) y DESPEDIDA
Mayte Martínez: SENTADA AL BORDE DEL VIVIR
Patricia Mateo: AHLAN UA SHALAN
Mª Jesús Melchor Herrera: PRIMER DIARIO DE DAVID y UN BESO
Lola Merino: TOMA DE CONCIENCIA 
Juan Mi Elvira: DOGIUNÓN, EL NO UNGIDO
Iñaki Moreno: EL GRAN GÁLVEZ
Nonita: GUISADO DE CINEMA y ENTRAÑAS
40. Daniel Odevaine: NANO, COMPAÑERO DE PISO
Rafael Ortega Carrasco: EXTRAÑA SENSACIÓN
Ana Ossenbach: AMANTIS
Maite P. Carrillo: EL VIAJE DE DON ANSELMO
Silvana Perazo: VERDUGOS Y VÍCTIMAS 
Esther Pérez Cuesta: LO QUE ME GUSTA Y LO QUE NO
Gabriela Pérez del Pulgar: MIS QUERIDAS SEÑORÍAS 
Fernando Pérez: LA MOSCA DE CRISTAL
Ismael Perpiñá: DOLORES
Rosa Mª Ramos Díaz: SALTA e INSOMNIO
50. Nacho Reig: ODIO y CARTA
Mª Antonia Rubio: VILLA GINÉS y EL ACCIDENTE
Ulpiano Ruiz-Rivas: ARMAS DE FUEGO y
VIDAS VIRTUALES
Javier Sagarna: HANK
Juan Carlos Sánchez: CASTRO DUERME 
Pedro Sánchez Torrente: LAS AGUAS DORMIDAS
Esther Soriano: A MI AMADO ESPOSO..., DE MANUELA
Anna Strerup Andersen: IMÁGENES
Margarita Tejada: ABURRIMIENTO
Magdalena Tirado: MARAÑA y EN ALGÚN LUGAR DE OHIO
60. José Valdeón: EL INSOMNIO y TONOS DE AZUL 
Carmen Valdés: AHORA y PEGASO
Antonio Valencia: AHORA QUE SE HAN IDO
María Valverde: LA PRIMERA VEZ QUE ME PINTÉ LOS LABIOS
Paz Velasco: LOS SENTIDOS y MONÓLOGO INTERIOR 
Cristina Vicente: CUENTO DE VERANO y GUATEMALA 1980 
66. Isabel Zamora: TRES EJERCICIOS

Casi todo es cuento
Edición del Taller de Escritura de Madrid
Cubierta:  Marcela De Gregorio / Alfredo Cassacia
Basado en La jeune martyre, 1855, Paul Delaroche; Musée du Louvre, París
Primera edición:  mayo de 1996.
ISBN: 84-921531-0-5

TALLER DE ESCRITURA DE MADRID
info<arroba>tallerdeescritura.com
www.tallerdeescritura.com

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